Yago Arriaga
Agosto

6 de noviembre de 2026

Así es como empezó todo

Con un audio como este… aunque luego vinieron más. Tantos como ciento veintitrés audios en el móvil.

El veinticuatro de abril de dos mil veintitrés, la que fue mi pareja durante siete años, me sentó frente a unas consumiciones que apenas se tocaron ya que la verdadera misión de aquel encuentro era dejarlo. Dejarme.

Desde entonces, ante el tonelaje de tristeza, de incomprensión, de soledad que me atenazaba, como una garra de hombre enguantada en látex apretando hasta la asfixia diversas partes de mi organismo, quise entregarme a ese dolor en cuerpo y alma, y no olvidar nada en absoluto. Quise comprender el proceso, tratar de dar con las señales y rebuscar en todo el pasado común algo que pudiese resolver el enigma de por qué una pareja se rompe en pedazos sin que tú fueses capaz de verlo venir.

Ya por el audio treinta y pico, en los que oscilo desde la desesperación, a la rabia rojo sangre, a la frivolidad de piel de cristal, a la soledad, al miedo, al dolor, a la esperanza, y a la histeria en pleno viaje de drogas, al escucharlos, aprendí. Es curioso lo que me ocurre al escucharlos ahora, porque reconozco a ese Yago, pero ese Yago no soy el Yago que soy ahora, pero soy consciente de que existió en tiempo y espacio, y que era yo. Lo que le pasa al Yago de ahora al escucharlo es que siente una empatía abrumadora y tiene constantemente ganas de abrazarlo y de decirle que todo va a estar bien.

Es como que, al escuchar esos audios infinitos, yo me convirtiese en el personaje del anuncio aquel que viene del futuro a decirle a la Maruja de turno que su colada podrá salir más limpia de la lavadora. Pero en este caso lo que aparece es una persona distinta después de haber superado y aprendido lo que tenía que aprender en aquel viaje.

Y algo en mi cabeza, al escuchar aquellos audios, me dijo que quizás podría ser una buena novela. Y me puse a escribir.

Obviamente es muy autorreferencial, puesto que yo, como en todo lo que escribo, hablo de mis propias experiencias (el narrador omnisciente se llama Yago, así que blanco y en botella). Si algo he aprendido desde que me tomé en serio el oficio de escribir es que la gente ya no quiere que le mientan. Y es exactamente lo que hago en esta novela, un ejercicio brutal de sinceridad conmigo mismo, con la idea de que quien me lea, pueda conectar con el proceso de duelo. Porque, vamos a ver, ¿a ti no te han dejado nunca? ¿Tú no has hecho el gilipollas para tratar de recuperar el amor, o la dignidad, o lo que sea que te mueva por dentro al ser descartado después de haberlo hecho todo, dado todo? ¿Tú nunca te has pasado meses sobrepensando, y autodestruyéndote quizás, porque no encuentras el “cómo” ni sobre todo el “por qué”?

En mi caso, Taylor Swift, a quien desprecié durante toda mi vida, se convirtió en el salvavidas. Se hizo el único lugar seguro al que aferrarme cuando quería dar salida a las emociones de tan complicado proceso personal en el que se convierte el que te rechacen. Que te descarten. Entonces tienes que aprender a asumirlo, y reaprender a vivir de manera individual cuando te has pasado los últimos siete años pensando por dos, cocinando por dos, durmiendo en “tu lado de la cama”… Es largo, y es duro, pero es finito.

Lo que vais a leer en esta novela es un ejercicio valiente y sin pudor acerca de cómo nos reinventamos a nosotros mismos y hacemos lo que podemos para seguir viviendo tras un fracaso que, en su momento, tiene unas dimensiones épicas, pero con el tiempo descubres que todo es cuestión de tiempo… y de muchos cojones. U ovarios, o lo que sea que tengas ahí abajo.

Sobra decir que miento mucho, aunque quizás mejor que mentir, porque esto no es una biografía, sino autoficción, diré que me he tomado infinidad de licencias para hacer avanzar la historia. Hay aquí muchas cosas que no pasaron, o que no pasaron así, o simplemente que imaginé que podrían haber pasado y no lo hicieron, pero que sin duda reflejan el sentimiento y el arco dramático de los ciento veintitrés audios que grabé como notas de voz en mi móvil cuando volaron por los aires mi presente, y desvirtuaron totalmente el pasado que creía había vivido, y me dejaron, literalmente, sin futuro.

Pero el futuro me esperaba, agazapado, lejos de mis entonces, de manera inevitable… y llegó, y tampoco era como yo esperaba, pero esto merecería una nueva novela.

Por tanto, lo que leeréis aquí es un auténtico ejercicio de redención, de aceptación y de escucha de uno mismo. De un proceso doloroso y lleno de claroscuros, de violencia, de amor, porque este libro trata tan solo de amar, y aprender a dejar de hacerlo. Trata del perdón, y de la inmisericordia de ser incapaz de hacerlo.

Así que, si alguna vez has estado enamorado, si alguna vez te han dejado, si alguna vez has sufrido por amor, si has sido capaz de sobrevivir a amores como naves en llamas acercándose a tus puertos, si te has encontrado alguna vez amando en el desierto, o si te has sentido solo rodeado de gente, creo, sinceramente, que deberías leer esto.

Porque sí, habla de mí, y de mi propia experiencia, pero también habla de ti. Habla de todos nosotros, los perdedores empeñados en seguir creyendo en que el amor todo lo puede cuando no, o quizás sí, porque, como ya he dicho, el futuro espera, agazapado, con sus propios planes para ti, cada vez más cerca… e inevitable.

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El audio original

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