Yago Arriaga
Hablemos de libros
Portada de Big Brother
“

Big Brother

Lionel Shriver

2014

Un libro ágil, al puro estilo Shriver que, sin ahondar en dramatismos, consigue crear ese mismo drama a través de una tragicomedia con tal nivel de sarcasmo que tendrás la sensación de querer lavarte los dedos al pasar las páginas de la deliciosa mala baba que destila.

Y estoy seguro de que acabarás haciéndote tantas preguntas como necesitando unas respuestas que ella no te dará nunca. Tan solo te observará con los brazos cruzados sobre el pecho, una media sonrisa en el rostro como un corte, y te dirá muy bajito, casi al oído “piensa”.

Podría pasarme horas y horas hablando de Lionel Shriver. La descubrí cuando me armé de valor para leer “Tenemos Que Hablar de Kevin”, que me pareció una obra maestra. Y a mí, cuando me gusta algo, me gusta demasiado. Y soy tan mitómano que me propongo leer todo lo que haya escrito un autor, si me gusta, y ya había leído “Propiedad Privada” y “El Mundo Después del Cumpleaños”, que ambos me habían encantado. “Big Brother” no me dejó, como esperaba, en absoluto indiferente.

“Big Brother”, en esta ocasión, reflexiona, ante cualquier otra cosa, sobre la gordofobia. De cómo nuestra sociedad parece decidir el valor de uno en base a cómo le sientan los pantalones, y de cómo los prejuicios dejan en el arcén a todo aquel que no cumple estrictamente con los cánones de belleza física que se han impuesto por culpa de la televisión, las revistas o los desfiles de moda. Pero se atreve a ir más allá.

Explora con una lucidez poco común los lazos que nos unen, en qué se basan nuestros referentes familiares, toda la necesidad de salvar y la culpa residual que brota de aquellos que han crecido con nosotros, que se sientan año tras año a la mesa a nuestro lado en Navidad. Analiza de manera quirúrgica el vínculo en sí. El vínculo como salvación y como condena.

La premisa es sencilla: una mujer, viva representación de la clase media-alta de la América profunda, casada con un hombre obsesionado con el fitness y la comida saludable cuyos hijastros siguen casi la misma línea del snobismo del sueño americano, recibe en su casa a su hermano mayor. Un hermano al que recuerda como su héroe de la adolescencia, músico de jazz, con el que por la mera inercia, el tiempo y el espacio han hecho que el vínculo se parezca más a una romántica forma de nostalgia que a una conexión real. Cuál es la sorpresa cuando, al recibirlo en el aeropuerto, descubre que pesa casi doscientos kilos y nada tiene que ver con el atlético universitario que ella dejó. Esto hace que tenga que enfrentar sus prejuicios, defenderlo de los demás para salvarlo, y acabar por enfrentarse al equivocado lugar que le ha reservado ya no solo en su vida, sino en su memoria.