Yago Arriaga
Hablemos de libros
Portada de El Fin de Alice
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El Fin de Alice

Amy Michael Homes

1996

“El Fin de Alice” es quizás una de las novelas más perturbadoras que haya leído jamás, a la altura de “La Pianista” del Premio Nobel de Literatura Elfriede Jelinek.

Soy un hombre de gustos extraños. Me encanta que la literatura me lleve a lugares a los que tan solo puede conducirte la literatura, aunque este lugar, esta habitación en la que habita esta novela es, sin duda, la más oscura, aterradora e inquietante de las que he visitado.

Un pederasta que cumple condena en una prisión estatal por abusos sexuales a menores, con una historia tan brutal a las espaldas que es la que acabó llevándolo a prisión, comienza una relación epistolar con una chica de diecinueve años obsesionada con un niño de doce. Es cuando, a través de esta perversísima relación de mentor-mentee, tanto un personaje como el otro, claros espejos el uno del otro, analizan su pasado, sus pasiones, y las razones que los han llevado a convertirse en las bestias que en el fondo son.

A.M. Homes nunca defrauda. Con una prosa elegantísima y casi barroca, desmenuza la psicología de unos personajes tan extremos como estos, enseñándote las más violentas pulsiones de los seres humanos como quien abre en canal a un animal para mostrarte sin pudor de lo que está compuesto.

Retorcida, bella, empática, cruel, impúdica, gótica, obscena, sangrante pero terriblemente humana, esta novela te llevará de la mano a unos infiernos que ni tan siquiera conocías, pero en los que, si y solo si eres capaz de soportarlo, querrás seguir descendiendo para dar respuesta a la única pregunta que no puede tener respuesta. ¿Por qué somos como somos?