
El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Tatiana Țîbuleac
2019
“El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes” llegó a mí a través de la recomendación de una amiga. Ésta me comentó que era un libro fuerte, que tenía que leer, que era muy necesario que yo lo leyese por la referencia a familias complicadas y relaciones familiares tensas.
Por ello tuve cierto reparo porque hay puertas que siempre dan miedo abrir, pero al cogerlo, con algo de recelo, como quien toca con la punta del dedo el acero de la plancha para verificar si ya está caliente, lo empecé, descubriendo que me absorbió de tal manera que a los tres días ya lo había terminado.
Es una literatura fácil por los capítulos muy cortos y un estilo muy directo, desnudo, sin grandes vericuetos o artificios lingüísticos, quizás para reflejar la forma de narrar esta historia desde la perspectiva de un hombre de clase media-baja con su recién estrenada adultez (situémoslo en los dieciocho años).
Él pertenece a una familia rota de inmigrantes polacos que viven en la capital británica, y todo lo lleva a rechazar plenamente lo que lo conduzca a sus orígenes, de los que se avergüenza por su precariedad, por su rudeza y su falta de encaje en la sociedad a la que él quiere pertenecer. Como habitual, el máximo representante de todo esto acaba recayendo en un odio irracional y un desprecio feroz hacia la figura materna.
Pero su madre le pide que lo acompañe a pasar un verano a un pequeño pueblo de Francia, ellos dos solos, de algún modo, para reconectar y fortalecer el vínculo. Ese viaje cambiara para siempre la percepción que cada uno tiene del otro, analizando de manera casi quirúrgica todo aquello que los separa, así como lo que los une.
Este es uno de esos libros que dañan para curar. De una sensibilidad muy extraña, está escrito a través de un lenguaje directo, implacable, que te descubrirá juzgando y perdonando a cada página, y que seguro hará que deje en ti ese poso de enseñanza en el que desearás poder llamar a tu madre para decirle, simplemente, que la quieres.
No os lo perdáis.